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Buscando el Este en el Oeste:
Las prácticas orientalistas en la literatura latinoamericana

Silvia Nagy-Zekmi
Villanova University


“The person who finds his homeland sweet is still a tender beginner;
he to whom every soil is as his native one is already strong;
but he is perfect to whom the entire world is as a foreign place.
The tender soul has fixed his love on one spot in the world;
the strong person has extended his love to all places;
the perfect man has extinguished his.”
(Hugo St.Victor, citado por Said,
Culture and Imperialism
, 407)

El concepto del orientalismo ha sido (y sigue siendo) un instrumento útil para examinar discursos de dominación, producciones de conocimiento y de las representaciones de diversas manifestaciones culturales, pese a que hoy hay un debate vehemente en torno a ello[1] . A partir de la publicación de Orientalism (1978), el estudio seminal de Edward Said[2] este modelo se ha expandido más allá de las propuestas originales del crítico que se enfocaban en las relaciones del poder y conocimiento en los proyectos imperiales de Francia e Inglaterra que se desplegaron durante los siglos XVIII y XIX; para convertirse en una herramienta teórica que se utiliza para el escrutinio de relaciones desiguales de poder y, sobre todo, de cuestiones de representación de estas relaciones que hoy día no solo abarcan Europa y el Medio Oriente, sino que incluyen áreas postcoloniales en el mundo entero. La razón de esta “expansibilidad” del concepto del orientalismo es la fuente del que se nutre, de acuerdo al mismo Said, quien sugiere dos aspectos fundamentales para considerar: por un lado, definir el contexto del (orientalismo en este caso) y por otro, cambiarlo. Said opina que la crítica de la sociedad es una de las funciones cardinales del intelectual (Cf. Representaciones del intelectual). Sin esta actitud elaborar una crítica del orientalismo es solamente “un pasatiempo efímero.” (“Orientalism Reconsidered” 359)

Para hablar del orientalismo en Latinoamérica, primero se debe explorar la pregunta, si Latinoamérica, en efecto, puede considerarse como un área postcolonial[3] . Se sabe que, tanto en Latinoamérica, como entre algunos investigadores estadounidenses del área hay una formidable resistencia a las teorías postcoloniales, de las cuales el orientalismo forma parte, y solamente recién se publican textos que discuten en mérito la postcolonialidad del continente, tales como El debate de la postcolonialidad en Latinoamérica editado por Alfonso y Fernando de Toro. Varios críticos coinciden en notar (Ashcroft , “Modernity...” 13, and Mark Thurner 3-4, Klor de Alva 242, Colás 386) que las razones de esta resistencia se encuentran en el proceso de decolonización de Latinoamérica que era muy diferente a las de la India y Africa (donde se genera gran parte de las teorías postcoloniales). La mayoría de las luchas independentistas en América Latina se llevaron a cabo encabezados por criollos de clases privilegiadas y no por mestizos e indígenas y, por lo tanto, la Independencia no dio por resultado la restauración de control gubernamental a los habitantes originales, sino que cedió el poder, cuya estructura se basaba en el feudalismo “importado” a la población criolla de origen europeo (Thurner 3-5).

De acuerdo a la definición de Said el orientalismo es una práctica discursiva compleja por medio de la cual el Occidente “produjo” el Oriente a base de un sistema de conocimientos que enfatizaba las diferencias entre los dos. Tanto el motivo como el resultado de este discurso es categorizar el Oriente como atrasado, primitivo e inferior en comparación con el Occidente y representado como tal, queda justificada la “misión civilizadora” del último.

En el contexto literario latinoamericano[4] las raíces del orientalismo[5] se remontan al modernismo y posiblemente más allá, hasta Sor Juana a la literatura de viaje, específicamente a Humboldt quien “orientaliza” el continente por medio de numerosas metáforas estereotipadas, de comparaciones científicas y analogías económico-coloniales, y perpetúa a su vez una especie de orientalismo filológico. El texto de Humboldt se sirve de patrones eurocentristas que luego él mismo deconstruye. (Lubich, passim). Cuando recién salió, el libro de Said se consideraba como el cuestionamiento de la literatura de viajes y los modos de representación del Oriente, pero con el tiempo, el orientalismo llegó a ser un término equivalente a la crítica de la empresa colonizadora occidental dirigida hacia Oriente y, por extensión, hacia el llamado “Tercer Mundo” en general, por haber desenmascarado el discurso colonialista que ha creado, y de manera autogenerativa ha reforzado la idea del Oriente exótico.

El modernismo latinoamericano y, más exactamente, la poesía de Rubén Darío, que habla de “tigres de Bengala” (160), de “jarras de porcelana china” y de un “biombo de seda del Japón” (176) han contribuido a los discursos orientalistas en Latinoamérica. Uno de los ejemplos más representativos del orientalismo de Darío se encuentra en un poema de la colección Medallones (1890):


Tú del fakir conoces secretos y avatares
a tu alma dio el Oriente misterios seculares
visiones legendarias y espíritu Oriental (176)

Darío conocía bien algunos países de Europa (Francia, España) y de América Latina (Chile), pero no había tenido experiencia directa con el Oriente. En cambio, otros poetas que manifiestan tendencias orientalistas en su poesía, tanto Octavio Paz como Neruda pasaron largas temporadas en varios países del Oriente (India, Indonesia, etc.) En esta genealogía de la tradición orientalista se inscribe la poesía orientalista de Neruda.[6] El poeta conocía la India, y viajó por Indonesia, Laos y Cambodia, según él mismo lo relata en la sección titulada "La soledad luminosa" (103-145) de Confieso que he vivido (1974). Lo que llama la atención es su manera casi romántica de representar el Oriente en este último libro, cuyo género es una especie de cruce entre la literatura de viajes y el diario.

1929. De noche. Veo la multitud agrupada en la calle. Es una fiesta musulmana. Han preparado una larga trinchera en medio de la calle y la han rellenado de brasas. Me acerco. Me enciende la cara el vigor de las brasas que se han acumulado, bajo una levísima capa de ceniza, sobre la cinta escarlata de fuego vivo. De pronto aparece un extraño personaje. Con el rostro tiznado de blanco y rojo viene en hombros de cuatro hombres vestidos también de rojo. Lo bajan, comienza a andar tambaleante por las brasas, y grita mientras camina: -¡Alá! ¡Alá!

[...] Interminablemente van saliendo voluntarios. Algunos se detienen en la mitad de la trinchera para talonear en el fuego al grito de “¡Alá! ¡Alá!”, aullando con horribles gestos, torciendo la mirada hacia el cielo. (103-104)

Es importante distinguir, sin embargo, entre la evocación del Oriente en una obra literaria y el carácter orientalista de la obra. De acuerdo a Said, la mirada (occidental) oscila entre el deseo (el/la oriental sensual, lujurioso/a, enigmático/a, misterioso/a, exótico/a) y el desprecio (el/la oriental primitivo/a, perezoso/a, fanático/a, poco o nada confiable, sucio/a). Ambas características se encuentran en el pasaje de Confieso…, cuyo discurso apunta hacia una representación del Oriente como atrasado, primitivo e inferior en comparación con el Occidente, que aparece en esta comparación como “civilizado” y superior, ya que el discurso orientalista funciona en servicio de la “misión civilizadora” de los poderes europeos, que era -- en realidad -- la misión colonizadora.

La visión eurocéntrica de la escritura orientalista se construye a partir de esa misma distancia entre el uno (self) y el Otro que se establece para impedir el deseo del observador y para permitir que las cualidades negativas del sujeto se subrayen y lo atractivo se represente como un extraño elemento de una cultura incomprensible e impenetrable.

Este tomo dirige una mirada crítica hacia Latinoamérica examinando las diversas estrategias de prácticas orientalistas en la producción literaria y cultural en diferentes épocas. La teoría saidiana ofrece un marco apropiado para el escrutinio del proceso de decolonización que ha comenzado mucho antes del siglo XIX, época en la cual todo el continente ha pasado por un proceso de auto-redefinición: la formación de los países que hoy constituyen Latinoamérica, cuya representación desde sus primeras relaciones con Europa ha estado atado al Oriente manifestado en el error capital de Colón y resultó en uno de sus nombres: Indias Occidentales[7] . Debido a la oposición del occidente-oriente desarrollada durante la Reconquista, para muchos colonizadores lo indígena americano equivalía a lo oriental (una presencia hostil condicionado por la Reconquista) que pasó a ser parte de la representación de Latinoamérica desde un principio. Cortés, por ejemplo, habla de las ‘mezquitas’ de los aztecas (i.e. mexicas). Por otro lado, los escritores latinoamericanos del siglo XIX recurrieron al orientalismo creando un espacio exótico a partir de una mirada ajena, eurocéntrica. Finalmente algunos escritores contemporáneos recurrieron al orientalismo para crear un discurso ‘doméstico’ de resistencia.

Los artículos reunidos en este tomo retoman y analizan esta trayectoria ideológica en Latinoamérica e intentan establecer un diálogo académico sobre el tema. A la vez dan una clara indicación de la relevancia del orientalismo en lo imaginario latinoamericano.

Concluyo esta introducción con la advertencia de Walter Mignolo con respecto al futuro de la teoría postcolonial (del que el orientalismo forma parte). Según el crítico Latinoamérica no debe considerarse sólo como una nueva área de estudio de donde se extrae información, sino que sería preferible comprenderla como una base donde se construyen nuevos espacios de enunciación. De ahí llegaríamos a la conclusión que en los saberes académicos debe incluirse la producción cultural de los espacios postcoloniales, (131) aún si este espacio (Latinoamérica) no ha sido cabalmente definido como tal en la mente de algunos críticos.

Works cited

Abdel-Malek, Anouar. “Orientalism in Crisis.” En: Alexander Lyon Macfile, Ed. Orientalism: A Reader. New York University Press, 2000: 47-57.

Ahmad, Aijaz. In Theory: Classes, Nations, Literatures. London : Verso, 1992.

Ashcroft, Bill. “Modernity's First Born: Latin America and Post-Colonial Transformation” En: Alfonso de Toro y Fernando de Toro (eds) El debate de la postcolonialidad en Latinoamérica. Frankfurt am Main: Vervuert-Iberoamericana 1999: 13-30.

Carrier, James, Ed. Occidentalism: Images of the West. Oxford: Clarendon Press, 1995.

Chen, Xiaomei. “Introduction to Orientalism.” En: Diana Brydon, Ed. Postcolonialism. London: Routledge, V vols. 2001: 934-961.

Colás, Santiago. "Of Creole Symptoms, Cuban Fantasies, and Other Latin American Postcolonial Ideologies." PMLA 110.3 (1995): 382-96.

Cortés, Hernán. Cartas de Relación. Madrid: Castalia, 1993.

Darío, Rubén. Azul. (1888) Madrid: Alianza, 1992

Harlow, Barbara, Mia Carter, eds.. Imperialism & Orientalism. A Sourcebook. Oxford, U.K.: Blackwell Publishers, 1999.

Klor de Alva, “The Postcolonization of the (Latin) American Experience: A Reconsideration of "Colonialism.” En: Gyan Prakash (ed), After Colonialism, Imperial Histories and Postcolonial Displacements. Princeton: Princeton UP, 1994: 241-75.

Kushigian, Julia. Orientalism in the Hispanic Literary Tradition: In Dialogue with Borges, Paz and Sarduy. Albuquerque: New Mexico UP, 1991

Levinson, Bret. The Ends of Literature. 2001

Lubrich, Oliver. “’Egipcios por doquier’. Alejandro de Humboldt y su visión ‘orientalista’ de América” HIN, Número especial: Alexander von Humboldt im Netz. III, 5. (2002) http://www.uni-potsdam.de/u/romanistik/humboldt/hin/hin5/inhalt.htm

Mignolo, Walter. “Colonial and Postcolonial Discourse: Cultural Critique or Academic Colonialism?” Latin American Research Review 28, 3 (1993): 120-131.

Nagy-Zekmi, Silvia. “Estrategias postcoloniales: la deconstrucción del discurso eurocéntrico.” Cuadernos Americanos. XVII, 1. 97. 2003: 11-20

- - -. “The Relocation of Knowledge: The Postcolonial Debate in Latin America” Phoebe: Gender and Cultural Critique, Special Issue: Reimagining the Americas Vol. 16, 1. 2004: 1-9.

Neruda, Pablo. Confieso que he vivido. Plaza & Janés. España. 1994.

O’Hanlon, Rosalind and David Washbrook. “After Orientalims: Culture, Criticism, and Politics in the Third World.” En: Diana Brydon, Ed. Postcolonialism. London: Routledge, V vols. 2001: 889-916.

Said, Edward. Orientalism. London: Routledge,1978

- - -. Culture and Imperialism.

- - -. Representaciones del intelectual. (Traducción de Isidro Arias) Barcelona, Paidós, 1996.

- - -. “Orientalism Reconsidered”.En: Alexander Lyon Macfile, Ed. Orientalism: A Reader. New York University Press, 2000: 345-365.

Sardar, Ziauddin. Orientalism. Buckingham, U.K.: Open University Press, 1999

Thurner, Mark. From Two Republics to One Divided: Contradictions of Postcolonial Nationmaking in Andean Peru. Durham, N.C.: Duke University Press, 1997

Toro Fernando de, Alfonso de Toro, eds. El debate de la postcolonialidad en Latinoamérica. Frankfurt am Main: Vervuert-Iberoamericana, 1999.

Notas:

[1] Hubo diversas reacciones al concepto del orientalismo, algunos sugieren que está “en crisis” (Abdel-Malek), otros hablan del post-orientalismo (O’Hanlon, Washbrook), y algunos lo contraponen al “occidentalismo ((Xiaomei Chen, James Carrier).
[2] Pese a la formidable crítica que se le ha hecho a la obra de Said en general y al orientalismo en particular el modelo teórico sigue siendo ampliamente utilizado. Ziauddin Sardar publicó un libro con el mismo título, Orientalism (1999), una revisión del concepto saidiano y análisis de las prácticas orientalistas a partir de la Edad Media incluyendo algunas consideraciones postmodernas de las mismas. No obstante, la crítica más vehemente viene de la pluma de Aijaz Ahmad (In Theory) y últimamente de Bret Levinson The Ends of Literature (2001) donde el autor plantea la “de-orientalización” de los estudios postcoloniales. Más detalles en Nagy-Zekmi, “Estrategias postcoloniales…”
[3] Para un análisis de la problemática postcolonial en América Latina véase Nagy-Zekmi, “Relocation of Knowledge…”
[4] De acuerdo a Julia Kushigian , “Hispanic Orientalims has been denied its rightful place in the contemporary revision of the concept of Orientalism.” (1)
[5] En el contexto histórico-cultural, se podría decir que el error espectacular de Colón de haber creído llegar a la India puede, quizás, considerarse como la raíz de una mentalidad orientalista (su definición véase en Said 7-10) existente en las sociedades occidentales.
[6] Evidentemente, sólo parte (y no muy extensa) de la poesía nerudiana puede considerarse orientalista.
[7] Aunque es la independencia de Norteamérica (1776) que abre las puertas para la expansión de la categoría de "occidente" que conducirá luego a la palabra-clave de “hemisferio occidental” que se usa hoy -- cargado de cierto significado político que establece una dicotomía entre occidente y oriente, tomando como referencia a Europa (siempre occidental) --, lo occidental ha comenzado con La India de Colón.



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